Impacto del COVID-19 en la educación superior en el interior del país.
Desde el punto de vista de un docente de la rama de ingeniería, que imparte clases en la Región de Azuero, la nueva modalidad de educación virtual es un reto.
En ingeniería las clases antes de la pandemia, se encontraban enfocadas en el contacto con los estudiantes, debido a las prácticas en el tablero, los talleres en los laboratorios y el intercambio de la experiencia vivida como profesional de la rama de ingeniería, en mi caso particular, en los sistemas de control, en los sistemas de energías renovables y sistemas de Potencia Eléctrica.
Antecedentes del Centro de estudio UTP región de Azuero, más información
La realidad es que el estudiante que entra a la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), en la
región de Azuero, es un estudiante de bajos recursos económicos. La mayoría no
tienen el conjunto de herramientas tecnológicas que se requieren para recibir
una clase virtual.
Algunos de los estudiantes comentan que tienen que gastar de 20 a 40 balboas por semana en concepto de compra de tarjeta de celulares, las que necesitan para poder asistir a sus clases virtuales. Para estudiantes de bajos recursos, que no cuentan con las comodidades para estudiar desde sus casas de manera virtual, este es un gasto adicional que puede ser equiparable a los montos que se pagan en las universidades privadas del país.
Por otra parte, cuando se atienden clases y se estudia desde un celular, el inconveniente de trabajar desde una pantalla pequeña y la capacidad de almacenamiento que suelen tener estos dispositivos, limita el desempeño de cada estudiante.
Como centro de estudios superiores a nivel de ingeniería en los últimos años hemos dejado en alto a nuestro país, así como internacionalmente, tal y como se refleja en el último informe de la QS World University Rankings. La UTP ha dejado su marca, a través del Mejoramiento Continuo. Por lo que el Estado debe tomar en cuenta la cantidad de estudiantes que están sacrificando comida para estudiar, es algo que se debe premiar y apoyar.
Las autoridades de la universidad solicitaron a los docentes cumplir un horario académico y adaptarlo a la modalidad virtual. Esto no ha sido fácil. Algunos estudiantes no podían asistir a clases de forma virtual en línea, es decir de forma sincrónica, por la falta de señal en sus casas y la necesidad de trasladarse a casas de familiares para poder asistir a clases. Durante la cuarentena, las restricciones de salida por día de semana y número de cédula, hizo aún más difícil la asistencia a clases durante esta etapa. Puntualmente y ante tantas limitantes, y con el afán de que mis estudiantes pudieran recibir sus clases, opté por ofrecerles clases asincrónicas, en otras palabras, les preparé grabaciones las que les he compartido a través de la plataforma Teams y por vía whatsapp.
Para los estudiantes, asimilar el conocimiento por la vía virtual ha
sido complicado, ya que aparte del gasto expresado anteriormente, lidiar con
los problemas de casa, problemas de dinero, el presupuesto familiar disminuido
por mencionar algunos, se suman a la problemática de ser estudiante durante
esta situación de pandemia.
A todos nos ha tocado salir de la denominada zona de confort. El ser humano es resistente al cambio, pero son los cambios los que proporcionan nuevas oportunidades. Como docentes, maestros de la ingeniería y de la ciencias aplicadas, debemos dar el ejemplo de virtud, sostenibilidad, sabiduría y trasmitirle todo lo anterior a los estudiantes.
No se trata de solamente impartir una conferencia o clase magistral de 40 minutos en Zoom, sino de encontrar los medios para que sea una participación de ambas vías. En esta situación no ha sido fácil en algunos casos captar la atención de los estudiantes, porque existen más agentes distractores, de los que normalmente tenemos en una clase presencial. Sin embargo, es preciso vivir la experiencia, porque es parte del propósito de apoyar el mejoramiento continuo de la enseñanza del estudiante y porque no, del aprendizaje personal.
A continuación mi experiencia y reflexión:
Hemos dejado a un lado a los grandes maestros que entre más exigían, más se les admiraban. En la actualidad, el docente que más exige es visto como el más malo. En mi generación nos formaron maestros de respeto: una mirada bastaba para guardar silencio y prestar atención.
Esta es la última generación que le temió a sus padres y la primera que les temió a sus hijos. No se educa en casa y que en la escuela no se corrija, que pasen aunque sea bajo la copia y la trampa.
Si por lo general tenemos 40 estudiantes en un salón, horas de clase de 50 minutos, solo en pasar lista se pasan 8 minutos. El resto de los 42 minutos para que los 40 estudiantes asimilen el contenido de la clase, asumiendo que tienen la base matemática suficiente. Después de 10 minutos ves sus caras de espanto… estás hablando algo que hace años ellos vieron y nunca entendieron! y esto me ha sucedido cuando he impartido clases tanto en instituciones públicas y privadas. Se hace un alto en la clase, y ya pasamos los 18 minutos. Nos encontramos peor que al principio. Poder obtener la atención del estudiante, que se interese en la clase, que desvanezca los miedos sobre los temas no aprendidos, que le agrade, poder subsanar esas lagunas y muchas veces océanos mentales de falta de conocimiento y poder encarrilarlos para que asimilen lo que se les quieres impartir en el día. Aquí es donde se encuentra la magia. Sin embargo, esta es sólo en una materia. Al terminar la clase, se acercan los estudiantes con interés de seguir indagando sobre lo impartido en clase, sobre dónde pueden buscar más información de los temas explicados, lo que deberían conocer. Y claro, están los que dejan el cuaderno en la bolsa hasta la clase siguiente.
Imaginemos como se sienten nuestros estudiantes con las clases virtuales, pero debemos afrontarlo, dar lo mejor de nosotros para salir adelante. Debemos aprender a vivir con el COVID-19 y sus consecuencias a nivel social, político, económico, espiritual y psicológico.
Para mí, el nivel académico ha bajado en general e implacablemente en estos últimos 5 a 10 años. El nivel académico de los estudiantes ha disminuido debido al poco compromiso de la clase política en aumentar el nivel educativo en la región. Creo que ya es hora de hacer un alto y mirar que es lo que se necesita. ¿Será que se necesitan "influencers" o bien el país requiere de ingenieros y médicos?. ¿Se necesitan políticos sin formación académica o se necesita gente preparada que piense y reflexione?.
La decisión es de todos. La mejor herencia que se puede dejar a nuestros hijos es la educación.
Autor: Ing. Héctor Vergara, MsER.
Este es el punto de vista de un docente con más de 10 años de experiencia, en universidades tanto privadas como públicas, posee una Maestría en Energía Renovable y Eficiencia Energética; Ingeniero Electromecánico; Postgrado en Docencia Superior.







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